
Nos dejó el querido escritor y editor
Gustavo Roldán cuyo nombre lleva orgullosamente nuestra Biblioteca. Nació el 16 de agosto de 1935, en
Sáenz Peña, provincia de Chaco. En esta nota recordamos su gran aporte
en la edición y producción de valiosos libros de literatura infantil y
juvenil en la Argentina.
"Fue como si el viento hubiera
comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se
enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se
quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.
Es que no había nada que decir."

Así comienza
Como si el ruido pudiera molestar, el bellísimo cuento de
Gustavo Roldán,
en el que los animales del monte se preguntan por la muerte, mientras
repasan sus hazañas y se despiden del tatú, ahora gravemente enfermo. El
relato está plagado de marcas que dan cuenta de que su autor se dirige a
un potencial lector infantil, que tal como sucede con los personajes de
este cuento, es un niño lleno de preguntas sobre todos los misterios de
la vida, incluso su finitud. En esta notable historia –y con gran parte
de su obra literaria y su valiosa labor como editor–
Gustavo Roldán
se atrevió a romper con muchas convenciones de la literatura infantil y
juvenil, abordar tanto asuntos, lenguajes, tradiciones como retóricas
consideradas como difíciles y poco adecuadas para tratar o acercar a los
niños.
Gustavo Roldán pasó su infancia en el Chaco, y
creció muy cerca de la naturaleza, de los cuentos que traían el río y el
viento, y que contaban los lugareños. Cuenta el propio
Roldán en un
texto autobiográfico publicado por la revista
Imaginaria (N° 23, 19 de abril de 2000).
"Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del
Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de
los árboles y los cuentos solo existían alrededor del fogón del asado o
en las ruedas del mate.
Después se inventaron los libros. O tal vez antes, pero yo
no lo sabía. Solamente sabía muchos cuentos, de esos que después me
enteré que se llamaban populares, que iban pasando de boca en boca y de
oreja en oreja. Cuentos del zorro, del tigre, del quirquincho, de Pedro
Urdemales, de pícaros y mentirosos, del lobizón y de la luz mala. Claro
que esos cuentos nunca eran del todo cuentos, habían sucedido por ahí
nomás, en medio del monte, y eran cosas que nadie ponía en duda. Yo
tampoco."
Su padre le obsequió una pequeña biblioteca de madera que él todavía
conservaba en un lugar privilegiado de su casa. Allí él comenzó a
atesorar los libros que leía de niño, lecturas que lo marcaron y que se
fueron ampliando a lo largo de su vida.
En su juventud se trasladó a la ciudad de Córdoba, donde se recibió
de licenciado en Letras Modernas de la Facultad de la Universidad
Nacional de Córdoba. Ejerció la docencia en institutos terciarios y en
la universidad como profesor de Literatura Castellana, Hispanoamericana y
Argentina. Trabajó como periodista. Colaboró con cuentos en las
revistas
Humi y
Billiken.
Hasta 1976 vivió en Córdoba. Ese particular año para la historia y la memoria de nuestro país,
Roldán abandonó la docencia y se trasladó junto con su familia a Buenos Aires. Los primeros años trabajó como carpintero.
En 1984, alentado por sus hijos para que reuniera en un libro los
cuentos que él les había contado en su infancia y que estaban inspirados
en los relatos que
Roldán había escuchado en su propia niñez, publicó
El monte era una fiesta, su primer libro de cuentos para chicos en
Ediciones Colihue. Y cuando se acabaron los cuentos que recordaba,
Roldán
empezó a inventar otros. Publicó cerca de sesenta títulos. El conjunto
de su obra conforma una cosmogonía singularísima. Se instaló dentro de
un recorte muy definido, con un crisol de personajes recurrentes, y un
registro lingüístico muy cercano a la oralidad típica del nordeste
argentino, a partir de donde creó infinidad de relatos.
En los ochenta, recuperada la democracia,
Gustavo Roldán pasó a integrar un pujante grupo de escritores conformado por
Laura Devetach, Graciela Cabal, Graciela Montes, Silvia Schujer, Ricardo Mariño, Ema Wolf, Oche Califa, Horacio Clemente,
etc., que en un escenario de gran optimismo cultural y político le
dieron un significativo giro estético y una presencia social creciente a
la literatura infantil y juvenil.