martes, 8 de mayo de 2012

GUSTAVO ROLDÁN (1935-2012)

 

roldan.jpgNos dejó el querido escritor y editor Gustavo Roldán  cuyo nombre lleva orgullosamente nuestra Biblioteca. Nació el 16 de agosto de 1935, en Sáenz Peña, provincia de Chaco. En esta nota recordamos su gran aporte en la edición y producción de valiosos libros de literatura infantil y juvenil en la Argentina.
"Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.
Es que no había nada que decir."
como%20si%20el%20ruido.jpgAsí comienza Como si el ruido pudiera molestar, el bellísimo cuento de Gustavo Roldán, en el que los animales del monte se preguntan por la muerte, mientras repasan sus hazañas y se despiden del tatú, ahora gravemente enfermo. El relato está plagado de marcas que dan cuenta de que su autor se dirige a un potencial lector infantil, que tal como sucede con los personajes de este cuento, es un niño lleno de preguntas sobre todos los misterios de la vida, incluso su finitud. En esta notable historia –y con gran parte de su obra literaria y su valiosa labor como editor– Gustavo Roldán se atrevió a romper con muchas convenciones de la literatura infantil y juvenil, abordar tanto asuntos, lenguajes, tradiciones como retóricas consideradas como difíciles y poco adecuadas para tratar o acercar a los niños.
Gustavo Roldán pasó su infancia en el Chaco, y creció muy cerca de la naturaleza, de los cuentos que traían el río y el viento, y que contaban los lugareños. Cuenta el propio Roldán en un texto autobiográfico publicado por la revista Imaginaria (N° 23, 19 de abril de 2000).
"Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de los árboles y los cuentos solo existían alrededor del fogón del asado o en las ruedas del mate.
Después se inventaron los libros. O tal vez antes, pero yo no lo sabía. Solamente sabía muchos cuentos, de esos que después me enteré que se llamaban populares, que iban pasando de boca en boca y de oreja en oreja. Cuentos del zorro, del tigre, del quirquincho, de Pedro Urdemales, de pícaros y mentirosos, del lobizón y de la luz mala. Claro que esos cuentos nunca eran del todo cuentos, habían sucedido por ahí nomás, en medio del monte, y eran cosas que nadie ponía en duda. Yo tampoco."
Su padre le obsequió una pequeña biblioteca de madera que él todavía conservaba en un lugar privilegiado de su casa. Allí él comenzó a atesorar los libros que leía de niño, lecturas que lo marcaron y que se fueron ampliando a lo largo de su vida.
En su juventud se trasladó a la ciudad de Córdoba, donde se recibió de licenciado en Letras Modernas de la Facultad de la Universidad Nacional de Córdoba. Ejerció la docencia en institutos terciarios y en la universidad como profesor de Literatura Castellana, Hispanoamericana y Argentina. Trabajó como periodista. Colaboró con cuentos en las revistas Humi y Billiken.
Hasta 1976 vivió en Córdoba. Ese particular año para la historia y la memoria de nuestro país, Roldán abandonó la docencia y se trasladó junto con su familia a Buenos Aires. Los primeros años trabajó como carpintero.
En 1984, alentado por sus hijos para que reuniera en un libro los cuentos que él les había contado en su infancia y que estaban inspirados en los relatos que Roldán había escuchado en su propia niñez, publicó El monte era una fiesta, su primer libro de cuentos para chicos en Ediciones Colihue. Y cuando se acabaron los cuentos que recordaba, Roldán empezó a inventar otros. Publicó cerca de sesenta títulos. El conjunto de su obra conforma una cosmogonía singularísima. Se instaló dentro de un recorte muy definido, con un crisol de personajes recurrentes, y un registro lingüístico muy cercano a la oralidad típica del nordeste argentino, a partir de donde creó infinidad de relatos.
En los ochenta, recuperada la democracia, Gustavo Roldán pasó a integrar un pujante grupo de escritores conformado por Laura Devetach, Graciela Cabal, Graciela Montes, Silvia Schujer, Ricardo Mariño, Ema Wolf, Oche Califa, Horacio Clemente, etc., que en un escenario de gran optimismo cultural y político le dieron un significativo giro estético y una presencia social creciente a la literatura infantil y juvenil.

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